La Coctelera

Sensaciones sonoras

Melodías de ayer y de hoy, que pululan entre el pop más rabioso y melódico, el soul más emocionado y salvaje, el jazz más groovy e intimista, la bossa más elegante y la electrónica más placentera.
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Categoría: Grupos y solistas

16 Octubre 2008

No puedo quitármela de la cabeza. Blackberry Way es una de esas pequeñas joyas que la psicodelia británica más colorista e inocente, nos dejó en la segunda mitad de los 60. Una auténtica golosina pop, algo azucarada, de irresistible melodía, arreglos orquestales y armonías vocales, que toma prestadas muchas cosas de los Beatles del Sgt Peppers y que llevó hasta el número 1 de las Islas Británicas en febrero de 1969 a The Move, la increíble banda del inquieto y camaleónico Roy Wood, un grupo que a pesar de visitar con cierta regularidad la zona alta de las listas británicas durate aquella época (9 top 20 en 5 años según la wikipedia), me da la impresión de que hoy permanece en un oscuro e injusto segundo plano, aunque si os soy sincero, siempre tuve una curiosa relación de amor y odio con ellos, porque aunque muchos de sus singles me llegaron a entusiasmar ninguno de los tres LPs que publicaron me llegaron a convencer del todo cuando los descubrí, hace ya algunos años.

Sin embargo, últimamente, gracias al efecto embriagador de estas pequeñas maravillas con las que me he reencontrado en You tube, y que hoy os dejo por aquí, tituladas Blackberry Way (1969), Flowers in the Rain (1967) y Fire Brigade (1968), les he recuperado con un renovado interés, revisando con mimo los tres discos que nos dejaron, y redescubriendo un buen puñado de irresistibles canciones de eso que llamaron flower pop, que pululan entre la psicodelia de tintes orquestales y la jovialidad de la música chicle, además de recuperar un apasionante y enérgico Shazam, su disco del 70 del que seguramente hablaremos dentro de muy poco, y todo esto sin olvidarnos del exquisito toque pop de Message from the Country (1971) donde la conjunción de Roy Wood y Jeff Lyne esboza algo de lo que posteriormente sería la fantástica ELO.

Posiblemente el eslabón perdido y encontrado entre Amen Corner, y The Creation. Por cierto, no os perdáis el jugoso repaso de su discografía que se hace en el blog Yo soy aquel. No tiene desperdicio, aunque no coincidamos en todo con él.

27 Marzo 2008

The Chocolate Watch Band fueron pura dinamita sonora en mitad de los 60. Un auténtico torbellino sonoro que irradiaba energía vital por los cuatro costados, y que define a la perfección eso que se denominó sonido garage. Con una poderosa imagen de flequillos alborotados y poses arrogantes, conjugaron como pocos la agresividad del R&B negro, con la frescura y espontaneidad del beat británico, tocado con toda la mala leche del mundo, aunque eso si, sin renunciar a la experimentación sonora que la incipiente psicodelia les proponía.

Originarios de San José (California), liderados por el histriónico vocalista Dave Aguilar y dirigidos por el astuto Ed Cobb, manager también de los excelentes Standells, con quien compartieron aparición estelar en ese controvertido escaparate psicodélico que fue la película Riot on Sunset Street, The Chocolate Watch Band fueron una especie de revisión garagera de los Stones, con el nervio y la rebeldía necesaria para impregnar a sus temas de una excitante intensidad, que ahuyentará al más plomizo de tus muermos.

Una banda que sin duda fueron una de las expresiones más convincentes del garage americano como demuestran eléctricos latigazos de pura adrenalina sonora, como la salvaje Are you gonna be there (At Lovin), donde Dave Aguilar parece superar los manierismos vocales de Jagger, la impulsiva y dinámica Let’s talk about girls, y las frenéticas Don’t need your lovin’ en la que se asemejan a unos Troggs pasados de revoluciones y Sitting There Standing, con las que arrasaban en Riot on Sunset Street y que podéis ver en los vídeos intercalados entre estas palabras, así como sus desgarradas versiones del I’m not like everybody else de los Kinks y del It’s all over now baby blue de Dylan, auténticas debilidades de un servidor, que no deja de admirarlos cuando se inmiscuyen en la nebulosa psicodélica del momento, con temas envueltos en punzantes sitares como las fabulosas Misty Lane, y Gone and Pass by. Pero es que Incluso te embaucan con un delicioso instrumental que parece de ascendencia surfera y que se titula, Loose Lip Sync Ship Canciones todas ellas incluidas en sus dos grandes LPs de los 60 (a excepción de Sitting There Standing ) No way out publicado en 1967 y el psicodélico The Inner Mystique publicado en 1968.

Durante los 80, con el revival garagero, su nombre alcanzó cierta relevancia. No dudes que The Chocolate Watch Band son una apuesta segura si te gusta el sonido más impetuoso y desgarrado de los 60. ¡No te los pierdas !

27 Noviembre 2007

Wilson Pickett es uno de los mejores ejemplos de aquel soul aguerrido e impetuoso, visceral y primario de mediados de los 60. Un baluarte del viejo soul de puños cerrados y emociones al límite, de aquel soul orgulloso y desgarrado que brotaba majestuoso de los estudios Soulsville o Fame de Atlantic Records y Stax, donde nuestro protagonista encontró el acomodo perfecto a su fiereza vocal, en aquel áspero pero contundente sonido de vientos punzantes, y ritmos sincopados de irresistible gancho.

¿Quién puede sino, resistirse a esa maravillosa 634-5789 ,
que su viejo amigo de los Falcons, EddieFloyd, fabricó para él, junto a esa gloria del Memphis Group que es Steve Cropper, con su ritmo trotón y pegajoso, salpicado de incisivos vientos, que dan una réplica perfecta a la desgarrada y emotiva voz de Pickett , arropada por esos intensos coros femeninos de profundo aroma gospel? Yo no. Sin duda un tema sudoroso aunque de ritmo algo contenido, que define con claridad parte del sonido más característico que Picket desarrolló para el sello de Jerry Wexler, Atlantic Records, entre 1965 y 1967, años en los que fue acumulando un éxito tras otro, y donde florecieron mis temas favoritos de su discografía, o lo que es lo mismo un puñado de clásicos imperecederos del soul sureño, incluidos en un jugoso recopilario de Wilson Pickett que el sello Atlantic/WEA publicó en 1984 y que deberias degustar, si empiezas a descubrir que lo tuyo podría ser esto del soul. Ahí van estos clásicos, que me
ayudaron a descubrir y profundizar en esta maravillosa música:

- In the midnight hour (1965, Pickett/Cropper), un clásico entre los clásicos, mil veces versioneada y que un servidor ha bailado innumerables
veces hasta la extenuación. Irrepetible. Un tema que le colocó irremediablemente en el Olimpo del Soul y que escuché por primera vez de la mano de los Jam de Paul Weller.

- Don’t fight it (1965, Pickett/Cropper): más ritmo y desgarro con todo el Memphis Group arropando con contundencia a Pickett, que en este tema se acerca a los registros del gran Otis Redding.

- Mustang Sally (1966, Rice): otro rotundo llenapistas de ritmo trotón cercano al funk, con un chispenate hammond, y los correspondientes abrasivos vientos, donde Wilson Pickett aumenta el desgarro y la fiereza de su voz, acercándose al padrino del soul, James Brown.

- I Found a Love (1967, Picked, Schofield, West): emocionante en sumo grado, con un desgarrado Picket rememorando los tiempos del soul vocal de comienzos de década en compañía de los Falcons. Una de mis favoritas
desgarradas baladas de soul.

- Land of the 1000 dances (1966, Kenner/Domino): arrolladora, vibrante, enérgica, tribal, vital, y desgarrada. Soul y espectáculo en estado puro, y uno de los temas más salvajes en la historia del soul.

- I’m in Love (1967, Womack): Tras la tempestad viene la calma. Tierna, cálida, y muy sentida. Una de esas tórridas baladas que ponen en vilo hasta al más adormecido de
tus sentidos.

- Funky Broadway (1967, Christian): dicen las crónicas de la época que su directo era casi tan arrollador y espectacular como el de James Brown y aquí se marca un vibrante tema que desborda ritmo funk por los cuatro costados.

Soul primigenio y en estado puro.

Nota: Los fragmentos sonoros están tomados de la página de Amazon.com

14 Noviembre 2007

Quisieron ser aberrantes y lo fueron. Irreverentes como pocos, consiguieron hacerse un digno hueco en el batiburrillo musical de aquello que acabaron llamando la Movida madrileña gracias a un buen puñado de delirantes canciones, que reflejan como pocas el desparpajo y la frescura de aquellos días. Un desparpajo que plasmaban con una malsana intensidad en sus alocados y divertidos conciertos de aquellos años, que un servidor disfrutó como pocos. Si, porque aunque no fueron ni los más famosos, ni los más respetados por la prensa, ni los que más vendieron, quizás si fueron de los más divertidos, sarcásticos y aberrantes encima de un escenario.

Glutamato Ye-Yé me engancharon rotundamente en la primavera del 82 con aquel alborotado pildorazo de pop yeye acelerado, deudor de los Ramones, que era Corazón Loco . Un auténtico torbellino de pop por la cara, repleto de energía y frescura, con una divertida letra y un estribillo irresistible que aún hoy es capaz de remover mis cimientos. Un tema que formaba parte de un espléndido EP, publicado por Dos Rombos, que es su obra maestra y de lo mejor que se hizo por aquí en aquellas fechas, donde además se incluían dos joyas más, la saltarina y aberrante Holocausto Caníbal, poseedora de una absorbente melodía y una desmadrada y pegadiza guitarra, además de la sinuosa Un hombre en mi nevera. Narcosis completaba el disco, aunque estaba lejos de la efectividad de los temas mencionados.

Un comienzo prometedor para la banda que Iñaki Fernández y los hermanos Recio, Ramón y Patacho , formaron a comienzos de los 80, y que lamentablemente no se consolidaría en trabajos posteriores. Capaces de lo mejor y de lo peor, la banda del bigote más excéntrico del pop español, fue alternando buenas y grandes canciones, con algunas bromas pesadas que bien podrían haberse ahorrado. Al margen de su excelente EP inicial, no consiguieron ningún disco redondo, de esos de degustación obligada, pero a lo largo de su carrera han aglutinado, como decíamos al principio, un buen puñado de temas memorables que si podrían confirmar un excelente grandes éxitos.

Así en Zoraida, que fue su siguiente trabajo, un mini-lp
bastante inferior y algo disperso, publicado también en 1982 por el sello Dos Rombos, encontramos un par de vibrantes y excelentes temas, Algo suena tic-tac y El microfilm, que tiene un bajo irresistible y donde nos encontramos hasta un sorprendente saxo. Otro de sus grandes temas, la enigmática y algo incomprensible, La balada de Karen Quinlan , la encontraríamos en la cara b de su siguiente single, publicado en el 83 para el sello Goldstein, un single para el que eligieron como cara A aquella irritante Comamos cereales. Luego un parón hasta el 84, donde ya con Ariola publican un nuevo mini-lp, con el que alcanzaron su mayor éxito, gracias a la nuevamente aberrante Todos los negritos tienen hambre y frío , que sin embargo sonaba más ácida y satírica en su versión de la maqueta. Un mini-lp bastante resultón donde deslumbra la que es para mi uno de los mejores temas de Glutamato Ye-Yé, la excelente ¿Has visto a mi chica a la sombra?, junto a las poderosas y pegadizas Recuerda Formentera y Temblando despertaré. Lástima que el disco se complete con la insípida versión del Canta con nosotros y una insufrible versión piano bar del Todos los negritos. Tras el aceptable éxito de este disco, repitieron formato con Ariola en el 85, sacando un nuevo mini–lp, titulado Guapamente, en el que soy incapaz de destacar un solo tema, aunque tanto Alicia como El rey del aftersun llegaron a sonar bastante en la radio.

Tras este disco, se replantean su sonido naif, se olvidan de
los soniditos y efectos juguetones, y se montan su primer disco grande que curiosamente sería su último disco, y al que titularían Vive Subida, publicado en el 86, con un sonido clásico de
pop-rock, con guitarras de las de toda la vida, con un lado acústico y otro que pretende ser más rockero, consiguiendo el que sin duda es su mejor disco desde su EP inicial, y donde incluyen pequeñas joyas acústicas como Nacido en EEUU, El desertor y Banderín de Enganche, enérgicos y adherentes arrebatos eléctricos como Hey tío ! y ¿Sabes lo que te digo? y pegadizos estribillos pop, como Cuando los chicos están bien y Dulce pequeña ramona que bien vale la pena recuperar.

Si amigos, a pesar de la irregularidad de sus discos, Glutamato Ye-Yé se merecen una mención especial. Canciones nos dejaron para ello, además de unos directos impactantes.

8 Octubre 2007

The Crystals fueron uno de los ejemplos más gratificantes de ese emotivo y glorioso soul primerizo, de desatada inocencia juvenil y desbordante emotividad, que floreció a comienzos de los 60 alrededor de la etiqueta de los girl groups. Grupos de chicas con un exuberante poderío vocal, criadas en las escuelas del gospel y R&B, capaces de generar tanto emocionantes torrentes de visceralidad adolescente, como trémulos lamentos de una inusitada ternura y fragilidad.

Y sólo hay que escuchar temas del calibre de esas atemporales e inolvidables There’s no other like my baby , Then he kissed me o Da doo ron ron , para enamorarnos sin remisión de este cuarteto, formado en New York a comiezos de la década de los 60, alrededor de dos maravillosas vocalistas La La Brooks y Barbara Alston. Dos voces tremendamente cautivadoras y sentidas, con un ligero poso nostálgico, que supieron plasmar con intensidad toda la fuerza emocional que necesitaban esas pequeñas y rotundas tragedias de amor juvenil, que pusieron a su disposición compositores del calibre de Phil Spector, Barry Mann and Cynthia Weil, Gerry Goffin and Carole King o Ellie Greenwich and Jeff Barry, envueltas por aquel fantástico muro de sonido con el que ese mago de la producción, que es Phil Spector, asombró al mundo durante la primera mitad de los 60, el período más fructífero y creativo de su carrera.

Un espectacular y ampuloso muro de sonido, realizado en base a alborotadas percusiones, saxos descarriados, frenéticas palmas, lujosas cuerdas, y pianos enfebrecidos, sobre los que deslumbran las emotivas y cálidas voces de The Crystals con su nostágico tono de desgarro y esa ligera fragilidad, todo ello envuelto en una atmósfera llena de novedosos e incisivos ecos, que conforman un buen montón de radiantes canciones, de una extraordinaria capacidad para emocionar.

Canciones realmente sugerentes e imprescindibles como There’s no other like my baby (1961) con Barbara Alston como cantante solista, que es un delicioso arrullo, que arrasará tu lado más sensible y que comenzaba a definir lo que posteriormente sería el muro de sonido de Spector, que brillaría en todo su esplendor en temas como la encantadoras y envolventes Then he kissed me (1963), Girl can tells (1963) y Little Boy ya con La La Brooks en la voz solista, al igual que en la trepidante y arrolladora Da doo ron ron (1963), todo una bofetada de entusiamo y vitalidad juvenil, imprescindible en cualquier guateque que se precie, al igual que esas maravillas que incluyeron en aquel indispensable disco navideño de 1963 tituladoA Christmas gift for you , Santa Claus is Coming to town , Rudolph the red nosed reindeer , y Parade of the wooden soldiers , o ese R&B pegajoso lleno de “eeiieiesss” que es Heartbreaker (1963) o las impetuosas y soberbias He’s a rebel (1962) y He's sure the boy i love (1962), que aunque fueron publicadas bajo el nombre de The Crytsals contaban en su voz solista con la también imprescindible Darlene Love. Perfectos ejemplos todas ellas del mejor sonido Spector.

The Crystals fueron el gran grupo vocal de la factoría Spector hasta que aparecieron las maravillosas Ronettes. Phil Spector configuró con ellas el que sería su gran sonido, dejándonos por el camino curiosidades de sabor latino como Uptown (1962), con su atrayente guitarra española, o conflictivas escenas como las descritas en la censurada He hit me (It felt like a kiss) .

Grupos de chicas hubo muchos, y muchos fueron fantásticos. Sin duda, The Crystals están entre las mejores

Nota: todos los temas mencionado se incluyen en la fantástica caja Back to the Mono de Phil Spector.

12 Junio 2007

Jonathan sings ! es uno de esos discos que no podrás dejar de tatarear. Un disco delicioso, repleto de alborotados y melosos estribillos, que recuperan toda la pureza e ingenuidad de los primeros años del pop y el rock. Encantador,emocionante, divertido, minimalista, bacilón y tremendamente adictivo. Así eseste disco que Jonathan Richman & the Modern Lovers publicaron para el sello SIRE en 1983. Uno de mis discos de cabecera de aquellos años, que he recuperado con alborozo estos últimos días, en los que el verano se acerca y la música fresca y directa reclama su protagonismo.

Un disco ideal para disfrutaren uno de esos ocres atardeceres a la orilla de mar, o en una de esas maravillosas noches estrelladas alrededor de una chispeantehoguera.

Jonathan Richman es sin duda uno de los personajes más singulares que pululan por el panaroma musical. Un auténtico trovador del siglo XX, simpático, naif y vital como pocos. Un tipo curioso e inclasificable que con sus primeros Modern Lovers, allá por el año 1976 se convirtió en uno de los primeros impulsores de la new wave neoyorkina con su ingenio y eléctricos chispazos sonoros, herederos directos de los primeros tiempos de la Velvet Underground, y que si embargo poco a poco fue desenchufando
su sonido, haciéndolo cada vez más acústico, y sencillo, dotándolo al mismo tiempo de una cálida cercanía e intimidad.

En Jonathan sings !, Jonathan Richman canta al amor, a la amistad y a las situaciones cotidianas con la naturalidad e ingenuo entusiasmo que tanto le caracterizan, a través de unos temas repletos de inspiración, que rozan la perfección pop, y donde las melodías fluyen casi espontáneamente a lomos de una parca pero eficaz instrumentación, así como de unas espléndidas armonías vocales, con claras reminiscencias de los mejores grupos vocales de finales de los 50.

Es un disco en el que podrás degustar tiernas baladas de cristalinas guitarras arropadas por un sigiloso hammond y la carcterística voz nasal de Richman acompañada por los coros de las nuevas voces femeninas del grupo, como en las emocionantes That summer feeling , Not Yet three, Somebody to hold me y You’re the one for me, además de impetuosos y alborotados ejercicios de pop saltarín al estilo de los grupos vocales de finales de los 50, que suena tremendamente fresco y vital como en las fantásticas Stop this car, Give Paris one more chance y This Kind of music, en la que se aprecia un efusivo trasfondo surfero. Y todo esto además de la excepcional balada I’m walking, que nunca me cansaré de oír, y en la Jonhatan Richman, acompañado de guitarra, bajo y batería nos pone el vello de punta.

Tras este espléndido disco Jonathan Richman nos siguió entregando discos memorables en esta misma onda como Rockin' and Romance (1985), It's Time For (1986), Surrender to
Jonathan
(1996) y hace tres años el flamante Not So Much to Be Loved as to Love (2004), que igualmente podrían haber sido los protagonistas de este post, aunque siempre me quedaré con este flamante Jonathan sings! Tiene 24 años pero sigue sonando tan fresco y actual como el primer el día.

Por otro lado, su época inicial para el sello Beserkley, más eléctrica y velvetiana, aunque igualmente naif, que abarcó desde 1976 hasta 1979 bien merece un capítulo aparte.


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15 Mayo 2007

Comenzaron con directos y rotundos guitarrazos de corte anfetamínico e impetuosa arrogancia mod, que pronto se vieron envueltos por nebulosas distorsiones psicodélicas y alucinógenas
reverberaciones repletas de cuidadas armonías vocales. O como decían ellos música de color rojo con intensos destellos púrpuras, auténtico pop art musical. Así era la música que nos dejaron
The Creation , una de esas grandes bandas británicas de mediados de los 60, que aunque no tuvieron el reconocimiento del éxito masivo nos dejaron entre 1966y 1968 un buen puñado de reconfortantes artefactos sonoros que bien vale la pena degustar, y que podréis encontrar en este estupendo vinilo publicado por el sello Edsel en 1982, que responde al título de How does it feel to Feel .

Un disco que recopila lo mejor de su corta carrera, y que está repleto de sonidos robustos y contundentes envueltos en lisérgicas melodías, que pululan entre el pop art floreado y la psicodelia más hilarante.

Kenny Picket (voz), Eddie Phillips (guitarra) Bob Garner (bajo) y Jack Jones (batería) iniciaron su andadura como The Creation en 1966. Making Time fue su arrolladora puesta de largo en aquel año dominado por la explosión colorista del Swingin London, . Un tema frenético, de guitarrazos compulsivos y energía mod, muy al estilo de lo que los Who hicieron en su primer disco un año antes. Lógico, si pensamos en su ascendencia mod y en que su productor era Shel Talmy, el mismo que produjo los primeros discos de los Who y los Kinks. Un single que se completaba en
su cara B, con otros de sus grandes temas,
Try and Stop Me , otra pequeña maravilla de arrogante y poderosa explosión pop, a medio camino entre los Who y los Small Faces. Un single rotundo que sin embargo sólo alcanzó el puesto 49 en las listas británicas y que pasará a la historia por ese impactante efecto que Eddie Phillips, el guitarrista de la banda, consiguó al tocar su Gibson 335 con un arco de violín.

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Sin duda lo tenían todo para haber triunfado (lo hicieron en Alemania), buenas canciones, un buen productor y una imagen muy cool acorde con los tiempos. Pero sin embargo, la prensa musical británica los ignoró de mala manera, dejando en el olvido temas tan intensos, e impresionantes como ese inquietante How does it feel to feel , de estremecedora y oscura belleza psicodélica, o esos otros temas de psicodelia algo más coloristas y luninosa, aunque siempre robusta, que son Ostrich man , con sus arreglos de clavicordio, Life is just beginning con sus profusos arreglos de cuerda, y Nightmares y I’m the walker con su descaro pop art. Y esto sin olvidarnos de sus temas menos lisérgicos, y de más
contundencia
mod, cercanos al pop art musical como Painter man que fue su segundo single, o las estupendas y poderosas Girls are naked y Midway Down ,además de guiños más pop como la fantástica Biff Bang Pow y esa sorprendente versión del cásico tema soul de los Capitols Cool Jerk.

Una banda que no debes perderte si estás interesado en la música británica de los 60, ya que pocas innovaron tanto y sonaron com ella.


Los fragmentos de audio se reproducen con REal Player y están tomados de la página de Amazon del recopilatorio de The Creation titulado Our Music Is Red With Purple Flashes

26 Abril 2007

Hay un soul directo, incisivo, sudoroso, desgarrado y visceral, muy cercano al blues y al R&B, de instrumentaciones aparentemente primarias pero tremendamente efectivas, tibio en arreglos y de exuberantes y descarnadas demostraciones vocales. Un soul sureño, de puños cerrados, que cuando se agita violento y temperamental te sacude de forma impetuosa alrededor de la pista de baile, y que cuando se frena y se calma te sumerge en un tórrido arrebato de emociones primarias. Un soul que creció al amparo de sellos como Stax, Atlantic o Chess, alrededor de estudios sureños, como los afamados Fame de Alabama, más tarde rebautizados como Muscle Shoals, donde nuestra protagonista de hoy, Etta James , grabó en 1967 esta maravilla titulada Tell Mama .

¡Amigos, qué disco, qué voz, que canciones! ¿Habéis escuchado ese Tell Mama que lo abre, con esos vientos frenéticos, ese bajo de inclinaciones funkys y ese desparrame vocal? Soul en estado puro, que durante mucho tiempo fue un tema de cabecera para quién escribe estas líneas, junto a esa otra explosión vital de irresistible ritmo y ejemplo imperecedero del mejor soul sureño, que es la increíble versión, que esta mujer se marcó en este discodel Security de Otis Redding . Que me perdone el gran Otis, pero siempre la preferí a la suya. Y qué decir de esa balada de intensidad emocional sin igual que es I’d rather go blind . ¿Cuántas veces la habré bailado bien agarradito y la habré incluido en esas viejas cassettes de tozuda y fallida finalidad seductora?

Lo sé, no puedo evitarlo, me encanta este disco y me da algo de rabia que esta mujer de espléndida voz, y vida algo tumultuosa por adicciones varias, haya quedado algo olvidada a la sombra de
divas como
Aretha Franklin. Sí, Etta James , esta portentosa mujer que comenzó su carrera a mediados de los 50, en los circuitos del blues y el R&B, junto a ilustres como Johnny Otis, quién apadrinó sus primeras grabaciones, merece algo más, como por ejemplo que empiecen a reivindicarse sus grabaciones de los
60 para sellos como
Modern y Chess. Y te aseguro, que si te gusta el soul primario del que hablábamos al principio, disfrutarás de lo lindo con este Tell Mama, un disco donde hay cabida para impetuosos arrebatos de soul como Watch dog ,My Mother in law , y Just a Little Bit , descarnados lamentos de alta temperatura emocional como Love of my man , Steal away y It’s hurts me so much , y hasta pegadizos ejercicios de pop soul como la deliciosa The same rope con un subrayado de hammond tremendamente embaucador. ¿A qué esperas para hincarle el diente?

Nota: los fragmentos sonoros están tomados de la página de Amazon del disco

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